Ahora que nos encontramos en pleno invierno vamos a recordar una costumbre arjonillera que se encuentra perdida que se hacía en tiempo de frío, me refiero a la matanza del cerdo. Sobre ella es posible que hablemos pronto con detenimiento pues estoy a tiempo de conseguir un vídeo grabado precisamente con la intención de recordar esta costumbre y precisamente parece ser que nos será de utilidad pues se hizo con carácter didáctico. De momento haremos una pequeña referencia  de ello con algunos de los recuerdos que mantengo.
     Me refiero a las décadas de los 50 y 60 porque a ellas están referidos mis recuerdos. Muchas familias arjonilleras compraban a principios de primavera uno o dos lechones, en función del número de componentes de la familia, para criarlos y engordarlos y que estuviesen en su buen momento una vez llegado el frío que es cuando se hacía la matanza. La matanza tenía como finalidad el disponer de alimentos para casi todo el año pero era además un motivo de reunión familiar. Duraba unos dos días que eran de mucho ajetreo y hacía falta bastante mano de obra, la mayoría para las mujeres. Dejaremos para más adelante la explicación de todo el proceso para cuando disponga de las imágenes antes citadas.
     Hoy nos vamos a referir exclusivamente al sacrificio del cerdo y eso lo hacía normalmente un especialista o matarife. En mi niñez el más popular en Arjonilla era Manuel Ortega García “Charrica”. Era el matador que acudía cada año a casa de mis padres a matar los dos cerdos que cada año criábamos y que después se convertían en exquisitos alimentos. Inolvidables para mí los chorizos que hacía mi madre.
      En la imagen, el primero de la izquierda que mira de frente a la cámara es Manuel Ortega y  junto a él, otro gran matarife de esa época y que yo lo recuerdo como acompañante de Manuel, Roque Ruano Bejarano. Y abajo, removiendo la sangre del cerdo, labor importante para el éxito en los productos que luego se elaboraban, se encuentra la madre del gran pintor Matías Ruz.