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LA CALLE ARJONILLA EN BUENOS AIRES (ARGENTINA)

Recordamos hoy una calle con el nombre de ARJONILLA, situada en un lugar lejano de nuestro pueblo, concretamente en la grandiosa Buenos Aires, capital de la República Argentina.

Y lo hacemos invitando a la lectura del artículo de Pablo R. Bedrossian, con el título LA CALLE ARJONILLA, perteneciente a la serie “Pasajes y calles curiosas de Buenos Aires”, publicado en su blog  https://pablobedrossian.com/, justo hace hoy tres años.

Accederemos a la lectura de este interesante artículo haciendo click sobre la siguiente fotografía que nos muestra la calle Arjonilla de Buenos Aires, pero adelantando antes lo ya publicado en el mismo acerca del nombre de esta calle:

EL NOMBRE DE LA CALLE

Según el historiador Miguel Iusem, el nombre Arjonilla proviene de una villa de España, en Jaén, Andalucía. En ese lugar, el 23 de junio de 1808 se libró una batalla donde se destacó por su coraje José de San Martín, el futuro Libertador de América, que en aquel entonces estaba al servicio de la Madre Patria. Durante el combate, tal como sucedería después en San Lorenzo, San Martín fue salvado de morir, esta vez por un soldado llamado Juan de Dios.

MAQUINARIA DEL ANTIGUO RELOJ DE LA VILLA

Una visita a nuestro Museo de Artes y Costumbres Populares es muy enriquecedora para el conocimiento de la vida en tiempos pasados y de objetos relacionados con nuestra historia. Hoy vamos a recordar algo que durante siglos ha presidido la vida de los arjonilleros, me refiero al reloj de la villa, que aunque situado en la torre parroquial, terreno de jurisdicción de la iglesia, sin embargo el reloj ha sido siendo siempre a lo largo del tiempo, responsabilidad del Cabildo Municipal, como lo podremos apreciar en lo que se escribe a continuación sobre el mismo.

Las siguientes imágenes nos  muestran la maquinaria del reloj que había en la torre de la iglesia hasta que hace unos años fue sustituido por el actual que permite además el control de los toques de las campanas.

Aversodel reloj

Reverso

 

Vamos a recordar algunos datos sobre la historia del reloj de la villa:

El reloj debe estar en la torre desde la construcción de la misma ya que en cabildo del año 1588 se afirma que hay reloj en la iglesia.
     Desde 1606 tenemos constancia del salario que el Ayuntamiento abonaba a la persona a la que encargaba del buen funcionamiento del reloj, 200 reales anuales, cantidad que se mantuvo durante muchos años.
    De los nombres de algunas de estas personas tenemos algunas referencias recogidas también de las actas capitulares: en 1634 era Antonio Guijosa del que se afirma era sacristán, hecho que se repite en otros posteriores. En 1669 el encargado del reloj era Diego de Siles, que seguía cobrando el salario anual de 200 reales a partir de San Juan de un año hasta esa misma festividad del siguiente. En 1682 era Antonio García, del que también se informa era sacristán y también con 200 reales de salario anual por el cuidado del reloj.
      También las actas dejan constancia de algunos arreglos del reloj en este siglo XVII como el llevado a cabo por Manuel de Morales al que se le pagaron 789 reales.
     El primer Teniente de Alcalde del Ayuntamiento, Manuel L. Medina, en sesión celebrada el 24 de septiembre de 1887 proponía el arreglo del reloj por un maestro relojero con cargo a los fondos municipales.
     En sesión celebrada el 18 de diciembre de 1899 se informaba que D. Fernando Taburet con residencia accidental en Arjona había propuesto el arreglo del reloj de la villa por el estipendio de 325 pesetas, percibiendo sólo el importe de las piezas que tuviera que instalar y el de los demás elementos necesarios hasta dejar instalado en buenas condiciones el reloj y marchando en completa regularidad, el resto no tendría derecho a recibirlo hasta el  mes de agosto próximo en cuyo tiempo y supuesta la buena marcha del repetido instrumento. Se acuerda que lo arregle. De este arreglo se conserva la inscripción en la torre del campanario de la iglesia.
     En cuanto a referencias ya algo más cercanas en el tiempo (siglo XX) sobre el cuidado del reloj podemos  comenzar por las 50 pesetas  pagadas en 1902 a Sebastián Plaza López, por los trabajos como encargado del reloj de esta villa. Un año después recibe por este mismo concepto 77 pesetas.
     En 1903, Manuel Valero, relojero de la Sta. Iglesia Catedral de Málaga, propone el arreglo del reloj de la villa por 200 pesetas, lo que se acepta con la garantía de un año, abonándole 75 pesetas cuando termine el arreglo y las 125 restantes un año después. Cantidades que se pagaron según lo previsto ya que el reloj funcionaba bien un año después de este arreglo.
     En abril de 1904 se libran 337,5 ptas. por el viaje a Jaén para llevar los fondos para el relojero por poner repetición al reloj de la villa y otros gastos.
     Por componer el reloj de la villa, en junio de 1910 Juan Rueda González recibe la cantidad de 35 ptas.
     A principios de este siglo XX el salario anual de la persona encargado del cuidado del reloj era de 100 ptas., siendo en esos años el encargado Juan José Ortega Víctor.
     En junio de 1914, Manuel Ruz(relojero), recibe 217,50 ptas. por la compostura del reloj.
     En los años 20 el encargado del reloj era Sebastián Lara Hernández, que recibía 30 pesetas trimestrales por este cometido.
Con la siguiente imagen actual de nuestra torre recordamos la ubicación del reloj, siendo únicamente visible al exterior el esfera, que también fue cambiada hace unos años cuando fue cambiado el reloj.

HOY HACE 2 AÑOS PUBLICÁBAMOS: PACO BEJARANO JIMÉNEZ EN EL GRUPO AVANCE

 

PACO BEJARANO JIMÉNEZ EN EL GRUPO AVANCE

HOY HACE 2 AÑOS PUBLICÁBAMOS: ARJONILLA CUENTA CON UNA ALTA DENSIDAD DE POBLACIÓN

ARJONILLA CUENTA CON UNA ALTA DENSIDAD DE POBLACIÓN

EL USO DE LAS “CHAPETAS” EN LA RECOLECCIÓN DE LA ACEITUNA

Recientemente publicábamos un artículo sobre el sistema de limpieza de la aceituna que se realizaba hace años en el campo y decíamos en aquella ocasión que haríamos una nueva publicación acerca de la cuantificación o medida de la aceituna que se recogía.

La recolección de la aceituna se ha realizado a lo largo del tiempo en dos formas con respecto al pago al personal recolector. Uno de ellos, a jornal, la cantidad a recibir por el trabajador ya está pactada con el empresario por medio de lo establecido por acuerdo entre ambas partes o por acuerdo empresas-sindicatos (convenio laboral). Otro modo es a destajo, y para ello hay que proceder al conocimiento de la cantidad de aceituna recogida. Para ello, en la década de los 50 y 60 recuerdo el uso de las “chapetas”, nombre que debe venir dado por el material empleado en las mismas. Los recogedores(as) llevaban la aceituna al “cargaero” donde después de la limpieza de la misma se procedía a su medida, labor que se hacía con las cuartillas, recipientes de madera a los que les cabía una cantidad de la que no recuerdo su equivalencia en kilogramos y que era aproximadamente lo contenido en una espuerta de las que se utilizaban en la recolección. El empresario o representante del mismo le entregaba una chapa, por cada una de estas medidas. Cada 4 cuartillas equivalían a una fanega. Cuando el trabajador juntaba 4 chapetas de cuartilla se le cambiaba por una de fanega que era más grande. Al final de la jornada, el trabajador visitaba al empresario y éste le abonaba la cantidad correspondiente a las chapetas que le presentaba.

Cada empresario tenía sus chapetas que contenían grabado las iniciales del nombre y apellidos del mismo.

En las siguientes imágenes podemos apreciar un grupo de estas chapetas de los dos tamaños antes mencionados en las que podemos apreciar también las letras grabadas correspondientes al dueño de las mismas. También podemos ver dos cuartillas utilizadas para la medida de la aceituna. Estos objetos se encuentran en el Museo de Artes y Costumbres Populares.

 

 

 

 

 

Nota: esta publicación se la dedico a las mujeres que participaban en la recolección de la aceituna en el pasado siglo XX. Tenían que acudir al tajo andando y regresar por la tarde también andando después de una dura jornada. Y al llegar a casa, las tareas propias de la mujer: adecentar la casa, lavar, hacer la compra y preparar la comida para la capacha del día siguiente. Labor ésta al día de hoy aún muy poco reconocida.

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