Días pasados cuando nos referíamos a la visita realizada a nuestro pueblo por el Teniente General Alfonso de la Rosa Morena hicimos alusión al momento en que nos encontrábamos en la ermita de la Virgen de la Cabeza y con este motivo les expliqué el motivo el que la imagen a la que rendimos culto en nuestro pueblo es de las más antiguas de las existentes en la realidad y que ello era debido a que se había salvado de su destrucción durante la guerra civil y ello gracias a un hecho ocurrido en los años 20. A este comentario se refirió en Facebook Manuel Luis Hernández solicitando la aclaración de este hecho. Pues bien, esto es lo que ha motivado esta publicación.
     Como ya indiqué en respuesta a Manuel Luis, esto se encuentra publicado en el libro que publiqué “Devoción a la Virgen de la Cabeza en Arjonilla”, del que por cierto, la cofradía conserva aún ejemplares que pueden ser adquiridos por los que tengan interés en ello. No obstante reproduzco a continuación lo publicado en el mismo en referencia a la imagen de la Virgen de la Cabeza a la que rendimos culto en Arjonilla:
 
“Imagen

La imagen a la que
rendimos culto en la actualidad  se salvó de ser destruida durante la
contienda civil por encontrarse fuera de la localidad y ello es lo que le hace
convertirse en una de las imágenes más antiguas de la provincia jienense de la
advocación de la Cabeza.

Recordaremos aquí una
vez más la bonita historia que hizo posible que esta imagen llegase hasta
nosotros, ocurrida a principios del pasado siglo XX. Uno de los médicos de la
localidad (D. Manuel Fernández Alonso o D. Francisco García Mazuelo, existen
testimonios que discrepan sobre ambos) para desplazarse para visitar a sus
enfermos utilizaba un carruaje de caballos. Un buen día, bajaba por la calle
Santiago para llevar a cabo la visita de sus enfermos cuando uno de los
animales que tiraban del carruaje se desbocó. Viendo el peligro en que se
encontraba, al pasar junto a la ermita, al médico se le ocurrió encomendarse a
la Virgen de la Cabeza. Un poco más abajo se encontraba la sastrería de Juan
Criado, quién al percatarse del peligro que corría el doctor, salió corriendo a
la calle lanzándole al animal el trozo de tela que tenía en sus manos y al
instante el animal se detuvo, salvando así la situación tan peligrosa. El doctor,
en agradecimiento por este hecho, donó a la cofradía una nueva imagen de la
Virgen, llevándose consigo la primitiva a la ciudad de Málaga donde se
trasladó.

Durante la
contienda civil, la imagen de la Virgen de la Cabeza que se encontraba al culto
en la ermita de Santiago, fue destruida.

 Al
finalizar la guerra civil, los/as arjonilleros/as recordaron que la primitiva imagen
estaba en poder de esta familia y acudieron a su hija, quién devolvió al pueblo
la imagen titular anterior.

           
Por varios testimonios hemos sabido que esta imagen fue subida en abril de 1939
por un grupo de devotos arjonilleros, realizándose el traslado en el camión de
José García.  Colocada sobre los escombros del derruido santuario,
presidió la primera misa que se celebró una vez finalizada la contienda.

           
En 1940, al poco tiempo de su regreso a Arjonilla, la imagen fue restaurada con
un coste de 200 pesetas y suponemos que se llevaría a cabo en la vecina Córdoba
ya que en los gastos de la cofradía correspondientes a 1941 existe una
anotación en que la que expresa lo siguiente: “Viaje a Córdoba por la Virgen  
25 pesetas”.

           
Actualmente es considerada una de las imágenes más antiguas de cuantas se
veneran bajo esta advocación de María Santísima de la Cabeza, guardando gran
similitud con la original del santuario que misteriosamente desapareció durante
la guerra y su paradero es aún un misterio sin resolver, pues se cree que fue
escondida para evitar su destrucción. En los últimos años esta similitud ha
cambiado ya que al sustituir la anterior corona por otra similar a la de la
imagen del santuario, hace que en la actualidad se asemeje más a la actual.

           
Finalmente recordaremos que se trata de una imagen de vestir o también llamada
de candelero, teniendo sólo talladas la cara y las manos.”