Ya nos hemos referido a la puesta en funcionamiento del colegio de las Religiosas de San José de Gerona que comenzó a funcionar en Arjonilla el 10 de enero de 1944. Pero este colegio tomó una nueva dimensión cuando fue instalado en la calle Dr. García Mazuelo debido a la donación del local por parte de un gran sacerdote y benefactor de Arjonilla, D. Luis Sotomayor García.
El 8 de marzo de 1949, muere D. Luis Sotomayor García, en la Sacristía de la Iglesia Parroquial de la Encarnación, Viernes de Dolores, tras haber realizado la procesión de Ntra. Sra. de la Soledad y haber pronunciado con anterioridad en el púlpito las siguientes palabras: “Daría el corazón y la vida por la salvación de mi pueblo”.
D. Luis deja en donación su casa sita en la calle García Mazuelo para que se utilice como colegio. Deja casa, jardín y huerto para establecer colegio de 1ª enseñanza, en usufructo y con la condición de mantener siempre una clase gratuita de párvulos y en caso de dejar el colegio pasar al Obispado.
Con fecha 5 de marzo de 1948, don Luis Sotomayor había hecho testamento ante el Notario de Marmolejo, D. José Mª García Ruiz, en el que estaba incluida la clausula 5ª que decía así:
“QUINTA.- Es voluntad del testador hacer una fundación piadosa, consistente en tener una escuela gratuita de párvulos, de niños y niñas pobres, en número de cuarenta. La Comunidad que la rija ha de estar compuesta de seis religiosas que mandarán aplicar una Misa anual en todos los aniversarios de la muerte del testador y rezarán todos los días una parte del Rosario por su alma.
Para el sostenimiento de dicha fundación, deja el usufructo de su casa-morada, la huerta aneja a la misma y el olivar Silveria que compró a D. José Bernal. La expresada fundación estará regida en orden que se cita por cualquiera de las siguientes Congregaciones: En primer lugar, por las Religiosas de San José de Gerona, Veladoras de enfermos; en segundo lugar por las de Jesús Nazareno de Córdoba; en tercero, por las Hermanitas de la Cruz; y en cuarto por las de los Desamparados de Valencia.
La propiedad de las citadas fincas la deja al Obispado de Jaén; y en el supuesto de que ninguna de las Congregaciones mencionadas aceptase el cumplimiento de las obligaciones dichas, el legado y fundación establecidos quedarán sin efecto alguno, vendiéndose las fincas por el Albacea y D. Leonardo Guzmán Sotomayor de acuerdo con el Sr. Obispo de la diócesis y su importe toral se dedicará a becas para el Seminario, que serán adjudicadas a los seminaristas pobres de este pueblo, aún cuando tengan baja nota.”
En el acta del Consejo de las Religiosas de San José, celebrado el 17 de mayo, queda recogida la aceptación de la herencia dejada por D. Luis:
“Aceptar el legado otorgado por el ya difunto Rdo. D. Luis Sotomayor García, Cura Párroco de Arjonilla (Jaén), por cuyo legado deja, en primer lugar, a nuestro Instituto, el usufructo de su casa-morada, la huerta contigua y un olivar, con la obligación de tener una escuela gratuita de párvulos de niños y niñas pobres, en número de cuarenta. Nos ha parecido provechoso aceptar la referida fundación, por el bien espiritual y la labor que se puede desarrollar a favor de los niños confiados al cuidado y enseñanza de las religiosas; previa la debida autorización del Excmo. Sr. Obispo de Jaén.”
Una vez realizada esta aprobación, el 5 de julio, la Madre General se dirige por escrito al Sr. Obispo de Jaén, solicitando autorización para la fundación de una nueva comunidad de religiosas para regir el colegio.
El 22 de ese mismo mes llega la respuesta del Sr. Obispo aceptando la misma en los siguientes términos:
“Tomando en consideración lo expuesto por la Rdma. Madre General del Instituto de Hermanas de San José, en su instancia del 5 de los corrientes, por el presente accedemos gustoso a que se establezca en la villa de Arjonilla, una comunidad del expresado Instituto compuesta de seis religiosas, que han de tomar a su cargo la fundación que dejó el Pbro. D. Luis Sotomayor, y que se han de dedicar a la enseñanza religiosa de los niños de aquella localidad y cumplimiento de las demás cargas inherentes a dicha fundación, esperando confiadamente que redunde en la mayor gloria de Dios y adelanto en la salvación de las almas. Dado en Jaén, a 22 de julio de 1949. Rafael, Obispo de Jaén.”
La casa legada por D. Luis es sometida a las correspondientes obras de adaptación para su uso como colegio, comenzando allí las clases en 1950. Las hermanas siguen viviendo en el Hospital a la espera de la adaptación de la zona de sus aposentos que se produce al año siguiente, 1951, cuando tiene lugar el desdoblamiento de las hermanas del Hospital y el Colegio. Al colegio fueron las hermanas Antonia Algans (superiora), Manuela Casado, Eugenia Fernández, Filomena Felipe y María Sánchez. Finalmente el colegio quedó con las correspondientes aulas y patio de recreo para los niños y niñas, dependencias para las hermanas y una Capilla.
Con fecha 19 de abril de ese año de 1951, la Madre Antonia Algans, como Superiora de la Comunidad establecida en el Colegio, se dirige al Sr. Obispo y le expone que desde el día de la fecha ha quedado establecida esta Comunidad y le suplica “se digne tomar esta nueva Comunidad bajo su paternal protección. Mientras en nombre de todas se pone a sus órdenes y pide humildemente su bendición Pastoral.”
Del colegio podemos decir que supuso una gran aportación al pueblo de Arjonilla ya que cuando fue creado, la población arjonillera superaba la cifra de 6.000, con un censo de niñas entre los 6 y los 13 años superior a las 500. Recordaremos que en esos momentos sólo existían 2 escuelas públicas de niñas que como mucho acogerían un centenar de ellas. Por tanto, la gran población infantil de niñas se encontraba sin escuela, en torno a las 400, algo que siendo real nos parece casi imposible que esto estuviese ocurriendo en Arjonilla casi a mitad del siglo XX. Entonces, nuestras monjas aumentaron muy considerablemente la oferta del número de puestos escolares para las niñas arjonilleras.
El “colegio de las monjas”, denominación por la que era conocido el colegio, cerró en junio de 1977, por la escasez de personal religioso y por la disminución del alumnado, lo que limitaba el acceso a disponer de subvención.
