A primeros de diciembre de 1992, se cumplen hoy por tanto 25 años, nació la Revista Parroquial “Al pie de la parroquia“. Revista que fue editada hasta junio de 2001 y cuya desaparición estuvo ligada al traslado del que fuera nuestro párroco y creador de la misma, José Antonio García Romero.

Fueron 105 los números publicados con periodicidad mensual a lo largo de los 8 año y medio de su existencia. Yo particularmente lo califico como el proyecto más serio a nivel cultural que ha existido en el pueblo fuera del ámbito municipal.

Nació con un sencillo y humilde número 1 con sólo 4 páginas que pronto fueron incrementándose hasta llegar a las 36. También fue creciendo el número de ejemplares editados cada mes, que de varios cientos al principio, la tirada llegó a ser de 1.500 ejemplares. El crecimiento de la tirada fue motivado por la demanda de ejemplares ante el éxito que tenía entre sus lectores que se fue extendiendo entre los arjonilleros y el interés de los que se encontraban fuera del pueblo motivó que se les enviase cada mes a su domicilio. Y ello se hacía con carácter gratuito. Conservo una lista que me fue entregada por el párroco con el listado de las 671 direcciones a las que eran enviadas la revista. Decir una vez más, que de los arjonilleros ausentes receptores de la revista nos llegaron siempre los mayores testimonios de agradecimiento y aún nos siguen llegando algunos recordándonos el placer que les suponía recibir cada mes la revista en su casa y añorando la vuelta de la misma. Nos decían y nos siguen diciendo que era una importante labor que los mantenía unidos con el pueblo a pesar de la distancia.

Como todos sabéis, era editada con carácter gratuito y también su distribución. Los gastos de la imprenta, así como los de envío por correo,  eran sufragados con la publicidad y con donativos, la mayoría de ellos llegados desde fuera y también otros de algunas personas que al recibirla entregaban un pequeño donativo. Por cierto, recordar la importante labor realizada por el grupo de voluntarios/as repartidores de la revista que cada mes la recogían en la parroquia cuando se les daba el aviso de que ya encontraba dispuesta para el reparto y se acercaban para recoger los números que luego repartían, normalmente entre los vecinos de su barrio.

   Recordaré, porque supongo que muchos lo desconocerán o lo habrán olvidado, el origen del nombre de la revista. Me contó nuestro párroco, José Antonio, que un día viniendo de Marmolejo con un grupo de feligreses arjonilleros, cuando se acercaban al pueblo, una vez superado el almacén de butano y antes de llegar a los “cuatro monetes”, ante la vista que nos ofrece el pueblo, que es precisamente la que yo he dejado reflejada en la fotografía que encabeza este crónica, Lola Cuesta al ver la torre y el pueblo a su alrededor, realizó la siguiente afirmación: “¡Qué bonito está nuestro pueblo al pie de su parroquia!”. Esta frase se le quedó grabada al párroco y de ahí salió el título de la revista parroquial que después creara.

A lo largo de estos 105 números fueron muchos los artículos publicados procedentes de un grupo de personas que con gran ilusión aportaban su quehacer desinteresado y capitaneados por un incansable José Antonio, quién dedicaba muchas horas a la maquetación de la revista y coordinaba todo el equipo. Su importancia quedó demostrada tras su marcha, al ver que a pesar de las muchas peticiones para ello, la revista no ha vuelto a editarse y es que aquí ocurre como en un barco, que es necesaria una tripulación en la que no puede faltar un buen capitán. Aunque la verdad es que José Antonio hacía de capitán y de grumete ya que se remangaba y lo mismo enmaquetaba la revista que escribía artículos, llevaba la revista en formato digital a la imprenta, iba a recogerla y muchas cosas más.
Además de redactores había un importante número de personas que colaboraban con otras actividades como corrección (Encarnación López Ramírez), publicidad (Pepi Bejarano Casado) y reparto como ya se ha dicho con anterioridad. Emilio (q.e.p.d.) también tenía un importante trabajo: entregar a cada repartidor su lote de revistas, preparar las que se enviaban por correo, doblándolas y poniéndoles la faja de papel con la dirección y el sello correspondiente, y finalmente llevándolas a correos, recordamos que eran casi 700 las que se enviaban cada mes.