Cada semana, el gran escritor y amigo personal, Alfredo Ybarra Lara nos deleita con excelentes escritos que nos hacen reflexionar sobre diferentes aspectos que nos afectan, en diario IDEAL.

El artículo de hoy, además de acertado como en ocasiones anteriores, me ha deleitado porque entre sus habituales citas de pensamientos de grandes escritores, ha citado a nuestro paisano y gran filósofo, Manuel García Morente.

Aquí os dejo el artículo tal y como lo ha transmitido él a través de su perfil de facebook:

“Hoy en mi artículo de IDEAL escribo sobre el sentir. Intento subrayar que hemos caído en un percibir superficial, sin que nos profundice. Sentir es un diálogo entre los que experimentamos a través de los sentidos y lo que percibimos de esa experiencia en nuestro interior, elaborándolo, proyectándolo.
IDEAL.
Donde agitan las palabras
Sentir y comprender
13 de marzo. 2024
Alfredo Ybarra
Tanta es la vorágine de conceptos que nos envuelve actualmente que el estómago se nos ha cerrado y la piel se nos ha vuelto impermeable y áspera. Estamos perdiendo el sentir, el percibir de un modo vívido y activo sensaciones, ya sean externas o internas; nos perdemos el considerarnos, el reconocernos a nosotros mismos. Por eso desaprovechamos la capacidad de opinar, de creer, de discurrir y estimar con más discernimiento y deducciones. El hombre actual, queriéndolo o sin quererlo huye de sí mismo, y para ello se adocena en el aturdimiento. Necesitamos restaurar nuestra capacidad de sentir y descifrar lo sentido y convertirlo en propia existencia. Paul Auster, en una entrevista señalaba que su misión como escritor es “hacer sentir lo que es un ser humano”. Recurro a Auster porque en estos días aparece su nueva novela, Baumgartner, una obra bastante sensitiva sobre la profunda experimentación de la pérdida, de la memoria, el amor, la fragilidad del cuerpo y la proximidad del fin de la vida intelectual.
No se puede comprender el sentir únicamente como un proceso físico. Cuando veo aquellos alcores de la sierra de Andújar, o a ese ser que comparte mi vida y que es una caricia para mi pecho, me turbo; por el olfato recuerdo lejanos huertos azules y lágrimas de incienso; me emociono cuando escucho a Bach, a Bartok o a Silvia Pérez Cruz; me acuno en un regazo ancestral cuando vuelvo a gozar de esas croquetas de cocido o esas espinacas esparragadas; cuando atiendo en aquella conversación y pienso… Necesitamos esos otros sentidos, los sentidos internos espirituales, que son inefables, y por los que Fray Luis de León decía que faltan palabras a la lengua para los sentimientos del alma. Necesitamos los sentimientos, y sobre todo el amor, el más poderoso de todos ellos. No se trata de la exaltación de los sentimientos frente a la razón. Se trata de que entendamos lo fundamental de racionalizar las sensaciones y de sentimentalizar las razones. Porque para el ser humano, en último término no existe nada, ninguna realidad, excepto los sentimientos. Necesitamos adentrarnos en el sentir, ponderarlo, hacerlo anímicamente nuestro, procesarlo y hacernos crecer verdaderamente hacia adentro, y, desde ahí, hacia fuera. Y la literatura, y la poesía, entre otras cosas, nos ayudan a ello, porque el poeta articula el pulso de las palabras destelladas. Todos los hombres son capaces de sentir, pero, para Bécquer, el poeta es el que, además de sentir, tiene la capacidad de recordar lo sentido y elaborarlo. María Victoria Atencia en su poema “Laguna de Fuentepiedra” escribe «Levanté con los dedos el cristal de las aguas, contemplé su silencio y me adentré en mí misma».
Entender es descubrir el significado de la información que nos envían los sentidos. Descubrir ese significado es razonar. Los sentimientos son a fin de cuentas los instrumentos de que disponemos para estar interesados en todo lo que nos rodea. Sin los sentimientos seríamos prácticamente luces mudas. Por eso Pessoa llega a decir en sus versos: «Yo no tengo filosofía: tengo sentidos…» Ya lo apuntaba el sacerdote y filósofo Manuel García Morente (Arjonilla, 1886-Madrid, 1942) al significar que conforme vamos accediendo a la realidad profunda de modo global, nos vemos transformados interiormente y, nuestro sentido vital se ve engrandecido como potencia creadora.
Así tal vez deberíamos decir como nos enseñó Manuel Alcántara, que el mundo se podría arreglar mirando el mar y leyendo a Jorge Manrique, o como escribe José Antonio Muñoz Rojas, que necesita: «sólo eso: pisar, sentir la tierra,…, quedarse quieto sin pensar, sintiendo sólo el pasar del tiempo sin sentirlo».
Imagen: Homenaje al fotógrafo Ramón Masats. La mirada. Un rostro expectante surge de la penumbra. El humo forma un halo binocular dibujando formas aleatorias, simula un anteojo binocular que destaca una mirada que nos llama. Publicada por Manuel Iglesias en photoluz1.blogspot.com