Cuando aún tenemos reciente la celebración del día de Todos los Difuntos, creo es momento oportuno para recordar algunas costumbres arjonilleras en torno a la muerte.

Y lo vamos a hacer con lo publicado sobre Arjonilla por Manuel Quesada Galacho en su trabajo titulado “Los ritos funerarios en Andalucía”, a lo que acompañaremos los conocimientos propios sobre el tema.

El mismo autor reconoce que el contenido del mismo no se corresponde completamente con el título del mismo ya que afirma que se limita “a exponer toda una serie de datos etnográficos sobre la muerte en tres localidades: Marmolejo, Arjona y Arjonilla. Los datos que se ofrecen fueron obtenidos en un cuestionario sobre costumbres de nacimiento, matrimonio y muerte, promovido entre 1901 y 1902 por la Sección de Ciencias Morales y Políticas del Ateneo de Madrid, en el que las respuestas al mismo en lo relativo a la muerte, sólo aparecen las enviadas desde Marmolejo, Arjona y Arjonilla.

Nosotros vamos a hacer referencia sólo a lo relativo a nuestro pueblo siguiendo los apartados ofrecidos por el autor del artículo.

En lo relativo a las prevenciones para la muerte, se encontraban la adquisición de sepulturas antes de la muerte, mortaja, féretro y la construcción de panteones. Dentro de este apartado de prevenciones incluye el autor la adscripción a cofradías y hermandades, indicándose que en nuestro pueblo éstas daban derechos a sus hermanos como entierros de balde, funerales para fallecidos fuera de la localidad, asistencia de insignias al entierro y misas costeadas por la cofradía o hermandad. Aspecto importante en este apartado de prevenciones estaban las disposiciones testamentarias, sobre todo en personas con bienes que lo realizaban ante notario o bien ante testigos. En los testamentos se solían dejar previsiones del funeral: determinar la mortaja, dónde y cómo debía realizarse el entierro, construcción en su caso del panteón, misas, etc. Y con respecto a los entierros y a las misas, se dice lo que ya sabemos de testimonios oídos de nuestros mayores y que los ya mayores hemos visto, se establecía una distinción dependiendo de la clase social a la que pertenecía el difunto.

En lo referente a la defunción, sin indicar referencia directamente a Arjonilla, en los momentos de la agonía se dice que se colocaban escapularios e imágenes cerca del agonizante, así como velas bendecidas. No se expresa pero yo recuerdo que los familiares solicitaban del párroco el Sacramento de la Extremaunción, acudiendo el sacerdote portando los santos óleos, yendo acompañado por los monaguillos portando incluso faroles. El anuncio de la muerte se hacía y se sigue haciendo, realizando distinción entre hombre y mujer. El toque para el fallecimiento de un varón se hace con 12 toques de campana pausados con la campana gorda y al finalizas estos, tras una breve pausa, dos toques más seguidos. El anuncio del fallecimiento de una mujer se hace con 12 toques pausados con la campana gorda  y al finalizar y tras una breve pausa, 3 toques rápidos con la campana mediana.

Sobre el velatorio del difunto se indica que en Arjonilla duraba 24 horas,  pudiendo ver al difunto todo el que lo deseara, pero permaneciendo durante todo el tiempo sólo familiares y amigos. Se dice también que era frecuente la formaban tertulias donde solía aparecer el buen humor, así como el reparto de aguardiente, anís y dulces, siendo mal vistas por la comunidad las familias que no lo hacían. Los hombres solían estar separados de las mujeres, que solían rezar el rosario, a veces dirigidos por mujeres asalariadas que se dedicaban a ello. Para la asistencia al entierro no era necesaria una invitación previa, pues la concurrencia era espontánea, acudiendo casi todos. Las invitaciones se hacían al sacerdote y algunos familiares y amigos para que formasen el duelo. Yo recuerdo cuando con motivo del fallecimiento de alguna persona, los familiares hacían un listado de las personas que deseaban les acompañasen en el duelo y se las entregaban a una persona para que fuese notificándoselo. A este grupo de personas se les invitaba a ser “cabeza de duelo”.

Sobre el acompañamiento del féretro, la respuesta a este cuestionario enviada desde Arjonilla dice textualmente lo siguiente:

  “a los entierros solo asisten los hombres; las mujeres no salen de la casa mortuoria; la presidencia del duelo la forma un sacerdote y los más allegados a la familia. Las cintas, cuando se trata de un joven o soltera, las llevan los amigos o amigas jóvenes del finado. Si se trata de persona mayor la llevan persona formales. A los entierros asiste el clero.”

 

Recuerda este artículo el hecho de que el sacerdote esparcía agua sobre el féretro a la salida de la casa del finado y se rezaba un responso. Los asistentes acudían de negro, sobre todo los que acompañaban a la presidencia del duelo. Yo recuerdo cómo los invitados a la cabeza de duelo, como mínimo llevaban corbata negra. Yo recuerdo que a mediados del pasado siglo XX existían varios tipos de entierros y para conocerlos he recurrido a Juan Mercado Pons, el que fuera monaguillo durante varios años en aquella época. Me decía Juan que existían tres clases de entierros. El entierro llamado de San Pedro, que era el más caro y el que sólo encargaban las familias pudientes porque era el más costoso, los bancos de la iglesia se disponían en la forma en la que aún se hace en las festividades para acoger a las autoridades y se colocaba un catafalco de madera que se cubría con tela negra con filos dorados. El sacerdote acompañaba el sepelio hasta el cementerio, donde le rezaba el último responso. El entierro más utilizado era el llamado de tin-tan, en el que el sacerdote acompañaba al féretro hasta los Reyes donde rezaba un responso y se volvía hasta la parroquia mientras el séquito continuaba hasta el cementerio, Y finalmente, el llamado medio entierro, el más humilde y menos costoso, en el que el sacerdote no salía de la parroquia para acompañar el féretro. Eso sí, para los tres tipos, el sacerdote acudía a la casa del finado para acompañar el féretro hasta la iglesia.

En la encuesta desde Arjonilla se indica que el cementerio se había quedado pequeño y se pretendía hacer uno nuevo. Recordamos que en ese año de 1900 el cementerio se encontraba junto a la Ermita de la Soledad y fue en 1915 cuando fue puesto en funcionamiento el actual cementerio.