En las fechas pasadas de Todos los Santos y Difuntos solemos acudir al cementerio a visitar las tumbas de nuestros antepasados seres queridos. También a veces solemos aprovechar para satisfacer nuestra curiosidad observando algunos detalles que nos llaman la atención.
Nuestro paisano y gran ceramista Manuel Bejarano Zafra, amigo también de nuestra historia se detuvo en esta ocasión para observar la lápida del enterramiento de la persona que fue la primera telegrafista de Arjonilla. Y así me lo hizo recordar.
En una lápida de nuestro cementerio se encuentra inscrito el fallecimiento de Eulalia de la Torre y Pantoja, donde se indica que fue la 1ª telegrafista de nuestro pueblo. Como fecha de su fallecimiento figura el 19 de abril de 1919.
Con este dato del fallecimiento me personé en el Registro Civil y efectivamente, allí por testimonio presentado por D. Roque Ramírez Olivares, Maestro Nacional, se encuentra inscrito el fallecimiento de Daniela Eulalia de la Torre Pantoja, de 26 años de edad, producido a las 8 de la mañana del día 19 de abril de 1919, que tuvo lugar en su morada en la calle Dr. García Mazuelo a consecuencia de bronco neumonía, siendo de estado civil soltera y de oficio telgrafista. Se indica que era natural de Madrid, así como también sus padres. Por cierto, que en el pueblo se decía que había muerto de “mal de amores” al no ser correspondida por una persona de la que estaba enamorada, hecho que en el pueblo fue motivo incluso de dedicarle alguna copla creada con este motivo y que no podemos reproducir por desconocerla y no haber encontrado alguien que la recuerde.
Recordaremos que la estación telegráfica de Arjonilla se puso en funcionamiento el 12 de febrero de 1915, puesto para el que sería destinado esta joven madrileña que en esa fecha contaría con 22 años.
Algunos mayores recuerdan sobre ella que tenía muy buena presencia física y era el objetivo de muchos jóvenes arjonilleros cuando acudían a lo bailes en la plaza del pueblo a los sones de nuestra banda municipal de música.
Por testimonio de nuestro querido y siempre recordado Manuel Cuesta Hernández, me comenta Manuel Bejarano que esta lápida le fue colocada por iniciativa y pago de la misma por parte de los hermanos Cuesta (Lola, Carmen y Manuel), para suplir a la originaria por encontrarse muy deteriorada con el paso del tiempo. Una buena amistad con ella y la calidad humana de estos hermanos que todos recordamos fue la que los llevó a realizar esta actuación humanitaria.
En estos días, otra excelente persona, Manuel Bejarano Zafra, ha tomado la iniciativa y ha procedido a pintar las letras de la lápida que se hacían casi ilegibles a falta de la pintura caída con el paso de los años. El aspecto que ofrece actualmente de debe a ello.
Esta imagen nos muestra el equipo telegráfico que tuvimos y que manipulaba esta joven madrileña a comienzos del siglo XX. Este es el aspecto que muestra actualmente en su ubicación en el Museo de Artes y Costumbres Populares. Y que se conserva gracias a una de las muchas actuaciones de Manuel Cuesta Hernández que lo rescató del abandono en el que se encontraba en la Casa del Marqués cuando la oficina de Correos se trasladó al paseo al lugar que actualmente ocupa la Casa de la Juventud.
En mis años juveniles recuerdo a Juan Montoro “Juanito el cartero” y a su hija Pepita, manipular este telégrafo para mandar o recibir los mensajes a través de impulsos eléctricos utilizando el método Morse. En enero de 1947, el Centro Provincial de Telecomunicaciones comunica por escrito al Ayuntamiento, la aceptación como encargado del Centro Municipal de Telecomunicaciones a Juan María Montoro Fernández y la realización de las obras oportunas para su ubicación en la Casa del Marqués.
Este es el aspecto que ofrecía la lápida antes de que Manuel procediera al pintado de las letras de la misma.





