Se cumplen hoy 22 años del fallecimiento de nuestro ilustre paisano y gran pintor, Matías Ruz Delgado.
Para seguir profundizando sobre su vida y obra, insertamos a continuación lo publicado sobre él por Miguel Viribay en su trabajo “Aproximación a la pintura en Jaén:1900-1960”.
“Como si Arjonilla estuviese predestinada a recibir influencias romanas en su pintura, mire el lector por dónde, Matías Ruz Delgado (Arjonilla, Jaén, 1924-2003) continúa la tradición. Formado en la madrileña Escuela de San Fernando y, como escultor,en la de Santa Isabel de Hungría de Sevilla, enseguida marcha a Roma, ciudad en la que trascurre gran parte de su vida, ausencia que incluye tres años más en París. Por consiguiente, su modo de hacer; quiero decir, su técnica, está desarrollada al calor dela pintura italiana y, en cierta medida, muy enhebrada en la sensación de los efectos calcáreos de los frescos del cuatrocientos, especialmente si se advierten afectados por ciertos mohos procedentes de humedades. Sin embargo, su larga permanencia en la ciudad le proporcionó escaso reconocimiento. Digamos, y esto lo conocen bien quienes fueron a recogerlo a la ciudad italiana, que el pintor pasó los últimos años de modo casi menesteroso. No obstante, su obra es digna, disfrutó de algún comentario laudatorio en el Diario ABC de Madrid y sus trabajos, además de las obras presentadas en Jaén durante el último lustro de los sesenta, lo constituyen acuarelas muy sueltas y de gran sobriedad que, de algún modo, forman un punto de unión y, paradójicamente, de distancia, con la delicadeza mate que podemos apreciar en el pequeño papel Arlequín con mandolina, del Museo Cerezo Moreno. Esta obra, de gama azul y notable acento de modernidad, pertenece a la primera asomada pública del artista a Jaén al comenzar la década de los sesenta. A este periodo seguirían las Madonnas de sensación calcárea a las que antes me he referido; por lo demás, las obras más recordadas en Jaén a través de sus exposiciones posteriores y, siendo más preciso, las realizadas tras su definitivo regreso a su tierra, a donde llegó para dar clases en el recién creado taller de Cerámica. Pintor de buena formación, primero en España como escultor y luego en Italia, donde obtuvo algún premio, aunque con poco éxito. De su mano figura una obra en el Ayuntamiento de Arjonilla y varias en la iglesia de La Encarnación. En efecto, su regreso definitivamente a Arjonilla se produce en 1985, fecha convertida en el comienzo de su labor de magisterio con algunos jóvenes artistas de la ciudad. Por cuanto hace a los últimos trabajos de Matías Rus, cabe destacar los tres cuadros del retablo mayor de Arjonilla, que luego se verían acompañados por uno pintado por su discípulo, Bodas de Caná.”

Cuadros de Matías Ruz en el retablo del templo parroquial de Arjonilla